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16 Ago 2021

PLAZAS DESIERTAS… DE HUMANIDAD

Por estas fechas, ya han finalizado todos los procesos de selección del profesorado en todas las comunidades autónomas de España.

Un proceso, este de 2021, que ha sido muy largo, incierto y duro, más si cabe por el aplazamiento de las oposiciones en 2020 debido a la pandemia provocada por el covid-19.

Hay una cosa que, analizando los datos, me llama significativamente la atención: el elevado número de plazas que han quedado sin cubrir, plazas desiertas que han quedado vacantes.

Vamos con datos concretos de las oposiciones en diferentes comunidades autónomas:

– Cantabria: 50 plazas sin cubrir de 406 plazas ofertadas en el turno libre.

– Asturias: 73 plazas sin cubrir de las 592 ofertadas en turno libre. Como dato impactante, el 42% de las plazas ofertadas en la especialidad de Matemáticas no se han cubierto.

– Madrid: 21% de las plazas sin cubrir.

– Murcia: 35 plazas sin cubrir de 828 ofertadas.

– Comunidad Valenciana: 300 plazas sin cubrir.

– Canarias: 60 plazas sin cubrir.

– Extremadura: 40 plazas…

Y suma y sigue.

En España solamente de la especialidad de Matemáticas han quedado 720 plazas desiertas.

Los datos son abrumadores, creo que invitan a una reflexión profunda y consensuada.

Si desde los estamentos europeos se nos exige una reducción de la temporalidad de los empleados públicos, una reducción de la interinidad, etcétera, ¿qué sentido tiene organizar procesos de selección de personal y que no se cubran esas plazas? Con el gasto que la organización de estos procesos conlleva. ¿No estará fallando algo en el sistema de oposición cuando no se consigue ni estabilizar al profesorado ni tan siquiera cubrir con los puestos vacantes y las plazas ofertadas?

Otra reflexión que me hago es que en estos tiempos en los que vivimos de la sociedad de la información, en los que el nivel de estudios de las personas cada vez es más elevado: másteres, tesis doctorales, carreras universitarias, dobles titulaciones, conocimientos de idiomas, conocimientos informáticos… cada vez hay más oferta de formación en forma de preparadores, academias de oposiciones especializadas… Me parecen muy ventajistas y desacertados comentarios del tipo «está muy bajo el nivel», «La gente no estudia nada»… Creo que no se debe generalizar y «demonizar» a los opositores y meterlos a todos en un mismo saco. Todos los años hay gente que, por las circunstancias que sea, no estudia y no preparanbien la oposición, pero de ahí a hacer esas generalizaciones creo que nos estamos equivocando, desprestigiando y jugando con el sector del profesorado público.

¿Cómo es posible que de tribunales de oposiciones en los que hay entre 55 y 80 aspirantes, haya casos como el ocurrido este año en un tribunal de Tecnología de Cantabria en el que solamente cuatro aspirantes consiguieron pasar a la segunda parte de la oposición y de estos solamente dos con una nota de más de 5 puntos (sobre 10) en el tema?

¿Qué se está pidiendo a los aspirantes? ¿A qué se debe este nivel de exigencia «inhumano»? ¿Qué criterios siguen?

Y para mí, una de las cosas más importantes y donde puede estar una de las claves, ¿qué tipo de control se está haciendo a los tribunales? Es que de 50 personas presentadas (tirando por lo bajo) solamente hay dos temas para aprobar… permítanme que les diga que es imposible. Hay algo que no me cuadra.

Una vez comentado todo esto, me gustaría romper una lanza a favor de la gran mayoría de los miembros de los tribunales de oposiciones de este país. Su responsabilidad, implicación, ganas de hacerlo bien y ser lo más justos y objetivos posibles es de valorar.

Sabemos que ser tribunal de oposiciones de educación es una labor muy complicada, poco valorada y que la mayoría de los profesores no quieren serlo por la responsabilidad que conlleva y lo difícil que es evaluar/calificar a los opositores.

Pero, ¿qué ocurre cuando nos encontramos otros perfiles, permítanme la comparación, tipo «Risto Mejide», llenos de «ego», en búsqueda de una «excelencia» muy lejos de la realidad del día a día?, y que por otro lado quisiera verla reflejada en su trabajo como profesores en el día a día de sus IES y/o colegios. Como dice el refranero, «consejos vendo que para mí no tengo».

¿Es posible dejar plazas sin cubrir con la crisis económica, el paro y la desolación que estamos sobrellevando? ¡Cómo pueden estando inmersos en esta maldita pandemia que nos ha tocado vivir!

Compañeros que, por otro lado, en septiembre y a lo largo del curso nos sacarán y os sacarán las castañas del fuego en más de una ocasión.

Creo que todo esto de las plazas desiertas se tiene que acabar, necesitamos un control férreo por parte de quien tenga que hacerlo para que no vuelva a suceder este sinsentido de no cubrir las plazas ofertadas, respetando la autonomía de los tribunales.

Porque permítanme que vaya un paso más allá para decir que todo esto repercute de forma directa en el sistema educativo, en la educación de nuestros hijos, niños, adolescentes…

Profesores con un desánimo total porque después del «batacazo» en septiembre hay que volver a los centros educativos con la sensación de que «no sirven» y eso es complicado de sobrellevar, aunque la profesionalidad del profesorado es muy alta y se subsana con vocación y alegría.

Es verdad que una oposición no te define como docente, pero cuando analizas el proceso y la mayor parte de las veces «no entiendes», duele, y más duele ver que quedan plazas desiertas…, plazas desiertas de humanidad.

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